Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 14, 2008

El calentamiento global y nosotros

El calentamiento global y nosotros

Evaluando nuestra responsabilidad ambiental y profesional

Por Elaine Harger
Traducido por Sara Plaza

Mientras iba conduciendo por las Montañas Rocosas en Montana el verano pasado, se me rompió el corazón al ver un montón de árboles de color óxido esparcidos entre los bosques de un verde imponente habitualmente. En algunos lugares parecía que entre un 20 y un 30 % de ellos estuvieran muertos, y de hecho lo están – asesinados por un escarabajo cuyo único depredador es el frío extremo de los inviernos de Montana, ellos mismos enfrentados a la amenaza de verse extinguidos debido al calentamiento global.

¿Qué tiene que ver la muerte de los pinares con la bibliotecología? ¿Es el calentamiento global una "cuestión bibliotecaria"? Muchos bibliotecarios opinan que la provisión de libros, programación y otro tipo de información relacionada con temas medioambientales es suficiente para cumplir con las obligaciones de la bibliotecología. Algunos consideran que necesitamos equilibrar la crisis medioambiental con fuentes que nieguen la responsabilidad humana en ella. Sin embargo, me he dado cuenta de que el calentamiento global está en el corazón de nuestras preocupaciones profesionales de varias formas.

Hace poco, participando en un grupo de discusión del Northwest Earth Institute, denominado: Changing CO2urse, calculé mi perfil de CO2. La producción media de emisiones de CO2 por persona en los Estados Unidos es de 122 libras [una libra equivale a 454 gramos]. Alrededor de 65 libras están bajo el control de cada individuo, mientras que las otras 57 libras es la parte proporcional que le corresponde a cada persona de las emisiones producidas por los negocios, las industrias, los generadores eléctricos y los sistemas de transporte que constituyen parte de nuestra sociedad actual.

Comparativamente, la media diaria de las emisiones de CO2 por personas en el resto del mundo es de 24 libras. Y, según parece, los ecosistemas terrestres pueden procesar completamente solo 9 libras de CO2 por día por persona.

Para calcular nuestro perfil personal de carbono, recogemos las facturas de gas de nuestros vehículos y las de nuestros servicios públicos, y contabilizamos el número de viajes en avión que realizamos al año.

Mi producción de CO2 alcanza las 34 libras por día, más baja que la media norteamericana, en primer lugar porque voy caminando al trabajo y utilizo mi coche lo menos posible.

Esta información planteaba una cuestión profunda y desencadenó un periodo de total desmoralización surgida al contemplar sus implicaciones: ¿Cómo puedo reducir mi producción personal de CO2 de 34 + 57 = 91 libras por día a 9? Lo que me permitió salir de mis sentimientos absolutamente derrotistas fue darme cuenta de lo siguiente:

– En primer lugar, yo personalmente no tengo la responsabilidad de reducir 57 de esas libras: es una tarea que corresponde a toda la sociedad, incluida la bibliotecología.
– Segundo, cualquier reducción de mis 34 libras personales tendría que incluir mis viajes en avión a los congresos profesionales, que normalmente son los únicos vuelos que realizo.
– Tercero, formo parte de la tercera generación de productores de CO2. La mayoría de mis antecesores vivieron bien produciendo mucho menos de 9 libras de CO2 por día.
– Cuarto, la tarea de convertir nuestras vidas de destructoras de la tierra en sostenedoras de la misma está llena de aventura y es tan prometedora como cualquiera de las tareas que ha encarado siempre la humanidad. Todo lo que necesitamos es reactivar algo de ese espíritu humano tan positivo de poder hacerlo, y la bibliotecología puede ayudar enormemente a ello.

Para quienes comienzan, podéis organizar en vuestra biblioteca una proyección del documental del año 2006, Who Killed the Electric Car?, y preguntarle a la audiencia que imaginen cada estación de gas albergando baterías recargables de energía solar en lugar de gasolina.

Patrocinar y participar en los grupos de discusión del Northwest Earth Institute, de manera que vuestra comunidad pueda explorar las posibilidades de crear relaciones sostenibles con vuestra región bio–región.

Viajar por el mundo a través de los libros en lugar de hacerlo como turistas escupiendo CO2.

Y por último, vamos a repensar los congresos del ALA [Asociación Estadounidense de Bibliotecas]. Dar a los encuentros de invierno y anuales del ALA un toque "verde" no consiste en discutir si los centros de convenciones reciclan o no el papel. Necesitamos repensar la necesidad real de estos encuentros nacionales porque no son sostenibles dadas las actuales condiciones.

Elaine Harger es bibliotecaria de la Mount Si High School en Snoqualmie, Washington, y miembro del consejo del ALA.
American Libraries / April 2008 / On my Mind / Opinion

Ilustración.