Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

junio 21, 2008

La universidad sigue doliente 90 años después...

La universidad sigue doliente 90 años después

Por Sara Plaza y Edgardo Civallero

En Chile, profesores y estudiantes de enseñanza secundaria y universitaria convocaron hace días una huelga indefinida en protesta por el proyecto de ley de Educación del Gobierno.

En las universidades españolas han tenido lugar diversos actos de protesta en contra del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES, más conocido como Bolonia, la ciudad donde tuvo lugar la declaración). Sus detractores opinan que ayudará a privatizar y mercantilizar la universidad pública, a degradar los títulos, a subordinar el conocimiento a los intereses del mercado, y a hacer de la universidad una escuela de formación profesional donde primen las enseñanzas prácticas sobre la reflexión, el debate, la crítica, la investigación y la discusión.

El Congreso Regional de Educación Superior celebrado en mayo de 2008 en Cartagena de Indias, Colombia, por el Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (Iesalc/Unesco) limita la participación de miles de investigadores, no recoge las actuales problemáticas ni plantea nuevas ideas, y excluye una gran parte del pensamiento latinoamericano. A la vez, asume el papel que durante tiempo criticó al Banco Mundial, convirtiéndose así en un mercado donde se silenció a la comunidad educativa con documentos estériles –elaborados por economistas en su mayoría– y se repitieron hasta la saciedad términos neoliberales como eficiencia, eficacia, calidad, acceso y equidad, competitividad, innovación, pertinencia, financiamiento, gestión, gobernabilidad, acreditación de programas, evaluación...

Éstas son informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación durante los últimos días. Curiosamente, leemos estas denuncias –expresadas por distintos actores de la comunidad educativa– cuando se está celebrando el 90º aniversario de la Reforma Universitaria que tuvo lugar a partir de los reclamos de los estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Argentina. Éstos, al ver que no eran escuchados, irrumpieron en la Asamblea Universitaria que elegía nuevo rector el 15 de junio de 1918 y se declararon en huelga indefinida, a la que se adhirieron estudiantes y obreros de todo el país. El día 21 de ese mes apareció en "La Gaceta Universitaria" el Manifiesto Liminar de la Reforma escrito por Deodoro Roca y firmado por los dirigentes de la Federación Universitaria de Córdoba. Durante el mes de julio se clausuró la universidad –que ya había sido intervenida en abril, por orden del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, al incrementarse las protestas estudiantiles–, el rector elegido por la asociación clerical Corda Frates renunció al cargo y el gobierno intervino la UNC, reformándose sus estatutos, renovándose la plantilla docente y siendo introducidos muchos de los reclamos de los estudiantes.

Entre las denuncias que vertía el Manifiesto podemos encontrar algunas de las que se lanzan hoy a los actuales modelos universitarios a uno y otro lado del Atlántico:

"Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. (...) Nuestro régimen universitario –aun el más reciente– es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. (...) Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentido y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. (...) La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres, ni de empleados. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de ‘hoy para ti y mañana para mí' corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión."

La universidad argentina a la que se refería Deodoro Roca hace 90 años estaba atada "a la antigua dominación monárquica y monástica". La universidad española a la que actualmente los estudiantes visten con pancartas que dicen "NO a Bolonia" parece dolerse de los intereses mercantiles transnacionales que quieren sujetarla, a los que tampoco ha sido ajeno el Congreso Internacional de Educación Superior celebrado en Cartagena. En 1918 el sentimiento religioso que inspiraba la Compañía de Jesús – "[c]uriosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad. Religión para vencidos o esclavos", escribía Roca– amordazaba aquella universidad. En el momento actual son las tesis del Banco Mundial derivadas de la teoría del capital humano (manifestando que "el estado no debe invertir en educación superior" porque "la inversión en educación superior es regresiva") y la resolución de la Organización Mundial del Comercio (esa que afirma que la educación superior es un bien negociable) las que coaccionan la libre expresión de la comunidad universitaria.

No parece que hayamos avanzado mucho si en el lugar que ocupaban los religiosos de entonces se encuentran ubicados los economistas de hoy. Quizás no esté de más recordar los principios reformistas de 1918 para impulsar y discutir las leyes educativas de 2008. Entonces se pedía la autonomía de las universidades respecto de los gobiernos. Hoy habría que añadir también respecto de los mercados, las empresas, la OMC, el BM... Sigue siendo deseable que el gobierno de las universidades quede en manos de sus principales actores, es decir, los claustros de profesores, los estudiantes y los graduados. Habría que seguir defendiendo la gratuidad de la enseñanza pública. Y también la extensión universitaria: el hecho de que la universidad, su comunidad y sus conocimientos no se alejen de los problemas y debates sociales sino que intervengan en ellos. Sin duda es fundamental mantener la libertad de cátedra y renovar periódicamente los cargos docentes. Y sigue siendo necesario que la docencia esté en estrecha relación con la investigación. Si entonces ya se proponía una unidad latinoamericana, ¿por qué no discutir hoy el Espacio Europeo de Educación Superior sin confundir convergencia con una única forma de pensar, hacer y decir las cosas, sin excluir la diversidad, reconociendo las dificultades, las presiones, los errores y los desaciertos para compartir y debatir nuevas propuestas?

El mercantilismo que afecta a todas las facetas de nuestra vida en esta enorme "aldea global" –que cada vez parece menos "unificada" y más "colonizada"– no deja de lado la producción, uso y disfrute de los conocimientos. Así como presiona deliberadamente en la educación (un factor estratégico en el crecimiento, desarrollo y progreso de los pueblos) también lo hace en la gestión de la información. Nuestras bibliotecas y centros de documentación ofrecen pruebas palpables de la aplicación de "estrategias de gestión", "medidas de calidad y eficacia" y un sinnúmero de técnicas y herramientas que sólo buscan convertir a las unidades de conocimiento en negocios de los cuales obtener pingues beneficios. La cultura mercantilista se filtra en todos los rincones: mientras las leyes de copyright golpean duramente la circulación y uso de documentos y software, se alzan los debates por las políticas de "cobro de tasas" en bibliotecas. Al mismo tiempo la brecha digital se abre, los roles sociales de los profesionales de las bibliotecas se difuminan o esfuman, el analfabetismo informativo crece... La bibliotecología –al igual que la educación– se ve bombardeada por un nuevo modelo, cuyos defensores ni dan tregua, ni ofrecen caminos intermedios ni adaptaciones, ni oyen razones. Parece una batalla sin cuartel en la que los perjudicados son los de siempre.

En 1918, la Reforma de Córdoba se extendió a través de Latinoamérica, y fueron muchas las subsiguientes protestas estudiantiles que, usando el texto cordobés de Deodoro Roca como base, lograron cambios en varios sistemas universitarios nacionales. Hoy... ¿quiénes darán el nuevo ejemplo, tanto en la educación como en otros ámbitos? ¿Quiénes alzarán la bandera de la libertad de pensamiento y acción? ¿Quiénes se rebelarán contra los nuevos yugos que intentan colocarnos?

Ilustración.