Sé que pueden quemar libros, arrasar bibliotecas, prohibir lenguas, desterrar creencias,
borrar pasados, dibujar presentes, ordenar futuros, torturar y ejecutar personas... Pero
también sé que aún no han descubierto como matar el cuerpo intangible y luminoso
de una idea, de un sueño o de una esperanza.

julio 05, 2008

¿Sabemos lo que nombramos?

¿Sabemos lo que nombramos cuando utilizamos términos como

Por Sara Plaza

Fue tratando de entender los últimos conflictos en Argentina cuando me hice, junto con Edgardo, la pregunta que da título a esta entrada. Hace más de tres meses que este país está inmerso en una problemática que, lejos de caminar hacia su solución, parece alejarse más y más de ella a medida que pasan los días. Durante este tiempo las posturas de sus protagonistas o bien se han radicalizado o bien se han vuelto completamente contradictorias. Nadie se salva del descrédito y el asunto se ha complicado de tal modo que sus ya borrosos márgenes han desaparecido de nuestra vista. Por más que ambos escuchamos la radio y leemos uno tras otro los artículos que aparecen tanto en la prensa nacional como en la internacional, créanme si les digo que seguimos arrastrando un profundo desconocimiento sobre la cuestión. Sin embargo, hemos aprendido algunas cosas y seguimos confiando bastante en nuestro sentido común a la hora de interpretar ciertos discursos y opinar sobre las declaraciones que vierten unos y otros con el fin de esclarecer nada y confundirlo todo.

Ese sentido común, ese espíritu crítico que ambos tenemos bastante arraigado, nos ha permitido hacernos un par de preguntas e intentar algunas respuestas. Como buenos inconformistas y eternos curiosos tratamos de averiguar en primer lugar qué era eso que todos los medios llamaban "el campo" y en segundo a quiénes se referían tanto "el campo" como el gobierno cuando hablaban de "el pueblo". En la edición argentina de la revista "Le Monde diplomatique" de mayo de 2008 podrán encontrar varios artículos sobre la crisis mundial de alimentos y los conflictos en Argentina. En el que firma Axel Kicillof, el autor nos habla de "...la enorme diversidad de situaciones que distinguen a los numerosos actores involucrados dentro de lo que genérica y abusivamente se denomina ‘el campo' – desde los pools de siembra hasta el postergado peón rural", y en el que escribe Hugo Sigman encontramos incluso un boceto de clasificación del sector agropecuario:

"... para analizar el conflicto y llegar a soluciones de mutuo beneficio es necesario realizar una apertura de lo que se llama sector rural, empezando por dividir la palabra agropecuario. Un resultado ha sido el obtenido por el sector del agro y otro el del sector pecuario. Con el aumento del precio de los cereales y sus derivados industriales –aceites y biocombustibles– el agro ha tenido muy buena rentabilidad, a pesar de las retenciones. Pero el sector pecuario, leche y carnes bovinas, ha tenido un pésimo resultado económico.

También es necesario diferenciar entre ‘productores', ya que existen grandes, medianos y economías rurales familiares. Les ha ido mejor a los primeros y peor a los últimos. Otra división necesaria para el análisis es entre zonas de producción agraria o pecuaria: en las zonas centrales los resultados han sido mucho mejores que en las marginales, donde los rendimientos por hectárea son mucho menores y los constes, principalmente de fletes, mucho mayores.

Si por último del conjunto del sector se distinguen productores agrarios, productores pecuarios, industrializadores (frigoríficos, usinas lecheras y productores de aceites y biocombustibles) y comercializadores (en particular propietarios de silos y exportadores), resulta evidente que los industriales y comercializadores del sector se han apropiado, como resultado de la política del gobierno, de parte de los beneficios de los productores pecuarios o agrarios".


La mejor definición que hallamos sobre "el pueblo" nos la proporcionó León Tolstoi en las páginas de Anna Karenina que yo había estado leyendo un mes antes. Constantino Dmitrievich (Levin) está discutiendo con su hermano Sergio Ivanovich, en presencia de su suegro (el Príncipe) y de un amigo común (Kosnichev), sobre los voluntarios rusos que se estaban movilizando en ese momento para participar en el conflicto armado contra los turcos que tenía lugar en los Balcanes... Merece la pena que echen un vistazo a todo el capítulo XV de la parte VIII; yo les dejo a continuación sus últimas líneas:

"–En este caso, las opiniones personales no significan nada –respondió Kosnichev–; las opiniones personales no tienen ningún valor ante la voluntad de toda Rusia expresada con unanimidad.

–Perdone, pero no lo veo. El pueblo es ajeno a todo eso –repuso el Príncipe.

–No papá. Acuérdate del domingo en la iglesia –dijo Dolly, que escuchaba la conversación–. Dame la servilleta, haz el favor ––dijo al anciano, que contemplaba, sonriendo, a los niños–. Es imposible que todos...

–¿Qué pasó el domingo en la iglesia? –preguntó el Príncipe–. Al cura le ordenaron leer y leyó. Los campesinos no comprendieron nada. Suspiraban como cuando oyen un sermón. Luego se les dijo que se iba a hacer una colecta en pro de una buena obra de la Iglesia y cada uno sacó un cópec, sin saber ellos mismos para qué.

–El pueblo no puede ignorarlo. El pueblo tiene siempre conciencia de su destino y en momentos como los de ahora ve las cosas con claridad –declaró Sergio Ivanovich categóricamente, mirando al viejo encargado del colmenar, como interrogándole.

El viejo, arrogante, de negra barba canosa y espesos cabellos de plata, permanecía inmóvil sosteniendo el pote de miel y mirando dulcemente a los señores desde la elevación de su estatura sin entender ni querer entender lo que trataban, según se evidenciaba en todo su aspecto.

–Sí, señor –afirmó el viejo, moviendo la cabeza, como contestando a las palabras de Sergio Ivanovich.

–Pregúntenle y verán que no sabe ni entiende nada de eso –dijo Levin. Y añadió, dirigiéndose al viejo–: ¿Has oído hablar de la guerra, Mijailich? ¿No oíste lo que decían en la iglesia? ¿Qué te parece? ¿Piensas que debemos hacer la guerra en defensa de los cristianos?

–¿Por qué hemos de pensar en eso? Alejandro Nicolaevich, el Emperador, piensa por nosotros en este asunto y pensará por nosotros en todos los demás que se presenten...Él sabe mejor... ¿Traigo más pan? ¿Hay que dar más a los chiquillos? –se dirigió a Daria Alejandrovna, indicando a Gricha que terminaba su corteza de pan.

–No necesito preguntar –dijo Sergio Ivanovich–. Vemos centenares y millares de hombres que lo dejan todo para ayudar a esa obra justa. Llegan de todas las partes de Rusia y expresan claramente su pensamiento y su deseo. Traen sus pobres groches y van por sí mismos a la guerra y dicen rectamente por qué lo hacen. ¿Qué significa esto?

–Eso significa, a mi juicio –dijo Levin que comenzaba a irritarse otra vez–, que en un pueblo de ochenta millones se encuentran, no ya centenares, sino decenas de miles de hombres que han perdido su posición social, gente atrevida, pronta a todo, que siempre está dispuesta a enrolarse en las bandas de Pugachev o cualquier otra de su especie, y que lo mismo va a Servia que a la China...

–Te digo que no se trata de centenares ni de gente perdida, sino que son los mejores representantes del pueblo ––dijo Sergio Ivanovich con tanta irritación como si estuvieran defendiendo sus últimos bienes–. ¿Y los dineros recogidos? ¡Aquí sí que el pueblo expresa directa y claramente su voluntad!

–Esa palabra ‘pueblo' es tan indefinida... –dijo Levin–. Sólo los escribientes de las comarcas, los maestros y el uno por mil de los campesinos y obreros saben de qué se trata. Y el resto de los ochenta millones de rusos, como Mijailich, no sólo no expresan su voluntad, sino que no tienen ni idea siquiera de sobre qué cuestión deben expresarla. ¿Qué derecho tenemos, pues, a decir que se expresa la voluntad del pueblo?"


Imagino que a estas alturas también ustedes se estarán haciendo algunas preguntas y quizás estas líneas les proporcionen unas pocas claves para empezar a intentar sus propias respuestas. Mi intención con esta entrada era compartirles un par de dudas y las explicaciones que encontramos entre las páginas de la prensa y la literatura. Considero que una y otra pueden ser buenas fuentes de información si les sumamos una dosis generosa de espíritu crítico. Estaremos aprendiendo así a "juzgar razonablemente las cosas" aunque aún nos quede lejos su comprensión.

Ilustración.